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Autores:
Juan Antonio Lezaun
Ana Pilar Armesto
Alberto Lafarga |
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durante
la década de los ochenta el cultivo de colza llegó a superar las quince mil hectáreas
sembradas en los secanos de Navarra, siendo una alternativa muy interesante para los
agricultores en ese momento. Su llamativo colorido en primavera, cuando el cultivo entra
en floración, hizo que no pasara desapercibido para nadie.
En los últimos años, sin embargo, apenas se han mantenido de un modo simbólico unas
pocas hectáreas debido a la bajada de los precios y, como consecuencia de ello, a su
menor rentabilidad para los productores.
Recientemente, la demanda de colza para la producción de energías renovables vuelve a
poner en el candelero este cultivo, con nuevas espectativas y posibilidades de retomar su
espacio en el agro navarro.
El ITG Agrícola ha evaluado las nuevas variedades de colza que aparecen en el mercado
tanto en lo que se refiere a producción de grano como en cuanto a su rendimiento para la
obtención de biomasa.
El ITG Agrícola, en su labor de apoyo técnico a los agricultores de Navarra, trabaja en
varias líneas para desarrollar estos cultivos.
La experimentación que el ITGA viene realizando en las últimas campañas está
abriendo nuevas perspectivas a la ampliación del papel de las leguminosas en los sistemas
de producción actuales, sobre todo con el desarrollo de nuevas variedades más
resistentes al frío y/o más adaptadas a la siembra otoñal.
En la campaña 2003, a través de un proyecto europeo denominado GL-Pro, se han podido
ampliar estos trabajos, lo cual es una buena noticia dada la importancia que tienen
las leguminosas tanto desde un punto de vista económico como agronómico y
medioambiental. |
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