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Autores:
Javier Delgado
Ana Pilar Armesto |
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no
hace falta insistir en las bondades de las leguminosas como cultivo mejorante de
los suelos, al fijar el nitrógeno del aire, pues todos los agricultores las conocen y el
ITG Agrícola lo ha demostrado de manera palpable en su experimentación a lo largo de 25
años.
Sin embargo su implantación como cultivo extensivo no es tan buena como cabría desear.
El agricultor no recibe del mismo una rentabilidad tan inmediata ni tan palpable
económicamente como en el caso de los cereales, lo que dificulta su expansión.
A todo ello se suma el inconveniente de los altibajos de producción que sufren las
variedades de primavera de un año para otro, en función de la climatología.
En las últimas campañas el ITG Agrícola está trabajando para encontrar
soluciones de cara mejorar la productividad de este cultivo y hacerlo más atractivo para
los profesionales del campo.
Su labor se centra, sobre todo, en encontrar unas variedades más resistentes y
adaptadas a nuestras condiciones climáticas, de modo que mantengan un
comportamiento más estable y aumente su producción. Las nuevas variedades de invierno
que se están ensayando ofrecen una interesante tolerancia al frío y pueden suponer una
buena apuesta en este sentido. Esa característica ha marcado ya diferencias importantes
en la última campaña, cuando precisamente las bajas temperaturas invernales han
perjudicado el desarrollo de los guisantes y habines. Tras este segundo año de
experimentación, crecen las esperanzas puestas en esas variedades, pero queda ponerlas a
prueba al menos un año más, para poder determinar su verdadero interés y para afinar
con las técnicas de cultivo más idóneas.
En el artículo ofrecemos un resumen de las novedades al tiempo que se hace un
balance general de la campaña. |
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