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Autores:
Álvaro Benito,
Enrique Díaz,
Sergio Calvillo
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en
la historia de la fruticultura, la formación y poda de los
frutales ha ido adaptándose a las distintas circunstancias en cuanto a las
exigencias de producción y calidad, costo de la mano de obra, maquinaria disponible, etc.
Su decisión siempre ha sido difícil, máxime cuando se debe tomar en el momento
de la plantación e influirá a lo largo de toda la vida de ésta.Con objeto de poder
asesorar a los fruticultores de Navarra, por parte del ITG Agrícola se implantaron
dos campos experimentales, sobre dos patrones distintos, uno de vigor alto, GF 677 y otro
de vigor bajo, Adesoto, con distintos sistemas de formación y densidad de plantación.
En el presente artículo presentamos los resultados obtenidos
en dos ensayos de formación implantados a partir de 1994 en la Finca Experimental de
Cadreita
Antecedentes
Según el último inventario realizado en 2005 por el Departamento de Agricultura del
Gobierno de Navarra, el melocotonero ocupa en Navarra 849 hectáreas, situándose en
segundo lugar después del peral entre los frutales de regadío. Los sistemas de
formación de los árboles frutales han pasado a lo largo de los años por diferentes
tendencias. En los inicios se dejaba a los árboles crecer de forma libre, pero el
desarrollo de la fruticultura hacia mayores superficies indujo a racionalizar los sistemas
de formación y poda.
En la decisión de qué sistema utilizar intervienen diversos factores, resaltando los de
carácter económico, técnico e incluso los climáticos.
Los factores económicos son determinantes, pues en base al sistema empleado variará el
capital de instalación o el circulante, además, la mano de obra empleada en las labores
más importantes, como son la poda, el aclareo o la recolección, se ve directamente
influenciada por el sistema de formación. Entre los factores técnicos destacan la
variedad y el patrón, por su influencia en el vigor, en la forma de vegetar, etc.
Entre los climáticos, por ejemplo, la intensidad del viento puede ser determinante en la
elección, ya que determinadas formaciones se complican en su ejecución cuando los
vientos son extremadamente fuertes.
Además, teniendo en cuenta la singularidad del melocotonero, en cuanto a su exigencia en
energía lumínica solar (el sombreamiento de las ramas productivas, induce al
desnudamiento de éstas por la muerte de las yemas, así como a una pérdida de calidad de
la fruta obtenida), y partiendo de la premisa de que a mayor densidad de plantación se
obtienen en general mayores producciones, al menos en los primeros años de cultivo, cabe
preguntarse qué grado de intensificación permite el melocotonero.
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