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Número 162: mayo-junio 2007

Invernaderos
Tomate den invernadero. Control integrado

Con la irrupción en los invernaderos navarros de plagas como las moscas blancas y los trips, los procedimientos para el control sanitario del conjunto de las mismas han ido cambiando, hasta el punto de que, en este momento, pensamos que su control exclusivamente por aplicación de insecticidas no resulta suficientemente eficaz.

Por lo tanto, apostamos por realizar el control de plagas en los cultivos de tomate en invernadero, mediante la aplicación de fauna auxiliar, coordinada con tratamientos puntuales de fitosanitarios, que deberán respetar dicha fauna auxiliar y tratamientos insecticidas localizados sobre los focos de las plagas. Y todo ello apoyado en un correcto manejo del invernadero y del cultivo. 

La adecuada ventilación del invernadero, el control de temperatura, humedad ambiente y en general el manejo climático del invernadero, cobran si cabe, mayor importancia. De ello dependerá además, en gran parte, una buena instalación de la fauna auxiliar, la aportada y la autóctona que pudiera entrar en el cultivo.

Hay que tener muy presente dentro de esta estrategia que la aplicación de fauna auxiliar no equivale a un tratamiento de choque con un fitosanitario, por lo que su introducción deberá ser muy temprana. En general parece oportuna su introducción nada más detectar la plaga correspondiente, por lo que el seguimiento constante del cultivo es fundamental. 

Para ello los cultivos deberán estar acompañados de las correspondientes placas amarillas, bien colocadas y con una densidad de unas 7 por cada 1.000 metros cuadrados de invernadero.

Cabe añadir que estas conclusiones son el fruto de nuestra experimentación, aquí en Navarra, y paralelamente cotejada con la información que nos llega del Sur y el Levante español.

En el artículo se realiza una somera descripción de cada una de las plagas y la enumeración de aquella fauna auxiliar adecuada para su control. Se marcan unas ideas generales de actuación.

La receta de actuación en lo referente a especies concretas a aportar, dosis, momentos, repeticiones posibles, insecticidas a utilizar, etc, dependerá de la evaluación de cada situación particular, en cada momento concreto del cultivo, en cada época del año, de cada explotación, etc. Todo esto en función de los datos que desde el I.T.G.Agrícola venimos acumulando en este campo, fruto de nuestra experimentación.

El objeto último es que las decisiones las tome el propio invernaderista, de la mano en un principio de los servicios de asesoramiento del ITG. Para ello deberá empezar por formarse y reclamar asesoramiento cuando lo considere. Y hay que empezar por animar a que lo hagan, en la certeza de que lo mismo que han sido capaces de adecuarse a otras nuevas técnicas, también lo harán a estas. Eso sí, deberán evolucionar desde lo que es un control puramente químico a lo que supone este control biológico o mixto.

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